Salgo de casa con la promesa que en mi centro de votación no hay cola, efectivamente no hay más de dos o tres personas chequeando su número de cedula para reconocer la mesa en que le toca ejercer su derecho.
Al entrar encuentro una gigantesca cola, única y exclusiva para la mesa Nº2. Había escuchado que hasta los momentos la gente no había salido a votar, los centros estaban vacios, y los miembros de mesa aburridos esperando que llegaran los votantes. Al parecer hoy tampoco formo parte de las estadísticas, me toca votar en la mesa 2.
No sé porque “esperar” se ha vuelto un indeseado hobby para mí, me pasa en los locales de comida rápida, al ir al banco, en los supermercados, en las oficinas públicas, etc. Siempre mi cola será la única en avanzar esporádicamente.
Después de esperar un rato, paso a la segunda fase, en donde me toca observar el porqué aparente del retardo en la segunda mesa de votación. Pues todas las personas de la tercera edad, minusválidos, embarazadas, con niños, enfermeras y policías de guardia, indigentes y extraterrestres votan en la mesa dos.
No me queda más opción que sentarme en mi sillita de 20x20cm rodeado de carteleras coloridas a recordar mis tiempos de infancia. Ya dentro del salón todo fue normal, full rápido, hasta que casi me ahogo, no lleve salvavidas para la zambullida que me echaron dentro de la tinta indeleble.